Hola, humanos.

Soy Jacinto.

Y hoy os voy a contar cómo mi madre decidió llevarme a un sitio llamado Las Salinas, en Ibiza, sin consultarme previamente.

Todo empezó una mañana preciosa, de esas en las que mi madre se levanta con una sonrisa sospechosa.

—¡Jacinto, nos vamos a la playa!

¿A la qué?

Yo, sinceramente, habría preferido un paseo normal, con mis olores habituales, mis paradas estratégicas y algún premio de por medio.

Pero no. Había planes.

🌊 Primer contacto con el Mediterráneo: aprobado… con reservas

Llegamos a unas calitas preciosas, con agua transparente, arena y unas rocas que prometían grandes aventuras.

Mi madre estaba emocionadísima.

Yo, no tanto.

Para empezar, aquello del agua me parecía un invento bastante innecesario.

¿Meter voluntariamente mis preciosas patitas en un charco gigante? ¿Estamos locos?

Mi madre me llamaba desde el agua:

—¡Ven, Jacinto! ¡Ven con mamá!

Y yo pensaba:

Mujer, sal tú, que estás mojada.

Pero claro, una cosa es tener dignidad y otra muy distinta resistirse a esa sonrisa.

Así que fui acercándome.

Primero una patita.

Después otra.

Y, oye… ¡pues tampoco estaba tan mal!

El agua estaba fresquita, mamá se reía y yo empezaba a comprender por qué los humanos hacen tanto escándalo con esto de la playa.

Aunque sigo pensando que un buen sofá tiene sus ventajas.

🧺 El picnic: ahora sí empezamos a entendernos

Después llegó la parte verdaderamente interesante del día.

¡EL PICNIC!

Por fin una actividad con sentido.

Mi madre había preparado algo para comer y nos instalamos a disfrutar de aquel rincón maravilloso.

Sol, brisa marina, tranquilidad…

Y yo, supervisando que no se desperdiciara ni una sola miguita.

Porque alguien tiene que encargarse de esas cosas.

🦎 Operación lagartija: misión imposible

Y entonces las vi.

Pequeñas. Rápidas. Verdes.

¡LAGARTIJAS!

¿Pero cómo nadie me había avisado de que Ibiza tenía semejante parque de atracciones?

Una apareció entre las rocas.

Me acerqué sigilosamente.

Bueno, todo lo sigilosamente que puede acercarse un perro con cuatro patas, muchos rizos y cero experiencia militar.

La lagartija salió disparada.

Yo detrás.

Ella por una roca.

Yo por otra.

Ella desapareció.

Yo me quedé mirando.

Resultado: lagartijas 1 — Jacinto 0.

No importa. Soy joven. Tengo margen de mejora.

Y, para que conste, ninguna lagartija sufrió daños durante mis investigaciones.

❤️ Mi descubrimiento favorito

Al terminar el día estaba agotado.

Había conocido el mar, descubierto la arena, inspeccionado las rocas y participado en una expedición científica sobre la velocidad de las lagartijas ibicencas.

Pero lo mejor no fue nada de eso.

Lo mejor fue ver a mi madre sentada en el agua, con los brazos abiertos, llamándome con esa voz que solo utiliza conmigo.

Y saber que, aunque aquel mundo era completamente nuevo, podía acercarme sin miedo.

Porque ella estaba allí.

Y eso, queridos humanos, es lo que de verdad importa.

No importa dónde nos lleve la vida. Si estamos juntos, cualquier lugar puede convertirse en nuestro pequeño paraíso.

Aunque, mamá, para la próxima aventura…

¿Podemos llevar más comida y menos agua?

Con amor, pelos mojados y mucha personalidad,

Jacinto 🐾

Director de aventuras, experto en picnics y futuro campeón de persecución de lagartijas.

Lifestyle by Issie — La vida es mejor con cuatro patas y muchas historias que contar.